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La solución bolivariana, Por Luis Castrillo Marín, Periodista y Politólogo, UCR.

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Era el 12 de enero del Año de 1824 de Nuestro Señor Jesucristo cuando Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte-Andrade y Blanco lanzó un Decreto violento, draconiano, bestial…tan implacable que actualmente, en este Valle de Lágrimas, desataría un escándalo de proporciones bíblicas.

Como previendo que a la vuelta de un par de siglos Latinoamérica caería presa de toda suerte de ladrones enquistados en las estructuras del Poder, el Libertador, quien se dio gusto pateándole el trasero a los soldados de un decadente Imperio Español, sentenció: “Todo aquel que se robe del tesoro público desde 10 pesos en adelante recibirá la pena capital”.

La orden, con ribetes de amenaza, cobra mayor relevancia en estos tiempos cuando resulta común que los caudillos, de cualquier signo ideológico, lleguen al ejercicio del gobierno, permanezcan unos pocos años vegetando y, a la vuelta de breves lapsos, salgan con los bolsillos llenos.

Por desgracia una solución, como la planteada por Bolívar, resultaría poco práctica en nuestro tiempo, no por falta de técnicas eficientes para ejecutar a tanto pillo, sino más bien, porque haría falta muchísimo campo en los cementerios.

La corrupción, que también ha golpeado a países desarrollados, se  convirtió en una de las mayores enfermedades de nuestras naciones. Sumas astronómicas perdidas en sobornos, obras interminables que exceden por mucho los costos previstos inicialmente, juicios larguísimos que jamás terminan y; por si fuera poco, un eterno ciclo de “tome y deme” que hace girar la rueda de licitaciones espurias y contratos diseñados a la medida.

Bolívar, quien perteneció a una de las familias más adineradas de la Venezuela de entonces, murió pobre. Ni tan siquiera disfrutó de una pinche pensión de guerra, más que merecida luego de muchas batallas que ahora se consideran verdaderas hazañas en los anales históricos de los conflictos militares.

Hoy, sus dizque admiradores de la alta dirigencia chavista, nadan en la abundancia, disfrutan de los lujos del odiado capitalismo y aman los pérfidos dólares con los que atiborraron sus cuentas bancarias tras casi 23 años de montar los más oscuros negocios.

Ninguno de ellos ha sido llevado al pelotón de fusilamiento.

¡Una verdadera lástima!

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